domingo, 25 de enero de 2009

Epístola I

Suspiro, tranquila voz que exhalaron tus labios.
Recta columna de destello fémino,
implacable al son de un terrible oleaje.
Delicada, bella fineza de tu cuerpo,
es tu perfume lágrimas de tu piel.
Esas que de rasagar tu cabello,
sería para envidia de la misma Naturaleza.
Ella que tiene mares y tierras soberbias
todas sin fragancia a perfume de piel tuya.
Porque la misma luz te codicia,
que la Providencia tomó de ella refulgencia divina,
para modelar tu cuerpo,
con la escencia del mismo universo.
Felipe A. Gómez Trejos

sábado, 27 de diciembre de 2008

Sangre de sol

Sabiduría viva,
hija del cielo,
que conoció mi existencia
para alumbrar el Camino
del clamor de mi ser
ante la asperidad del mundo.

Llegó el trueno de medianoche,
el retumbar de suelos.
La vos del abismo se oyó:
ingrata, maldita, lacerante intención.
Espada de frío destello,
querías desgarrarme el alma.

Ahora , soy fortaleza viva,
sangre del sol.
Su luz, perpetua brillante del Gran Azul
para aplacar tus designios.
Viví el látigo flagelador de tus defectos.
Mi ser, vivió el crepúsculo de tu corrupción.

Felipe A. Gómez Trejos

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Poema del sol y la luna

Amargura mía,
hija del llanto,
que vive en mí
para jugar al recuerdo
del sollozo, del lamento,
del crujir de mi alma,
del dolor en mi pecho.
Ese es mi pensar color de rosa.
Sin rosas...Color de rosa
Color de ti

Así fue,
Te vi irte...Poco a poco.
¿De la nada?
Y abracé el polvo de tus recuerdos.
En menos de un minuto,
Voz tuya en mi, hecha trizas,
que tu ser rechazó mi esencia,
por esto, todo al suelo.
Sin tiempo para yo decir algo,
sin dejarme aliento,
desapareciste.

Y yo,
sin poder decir nada de vuelta,
porque ya te habías ido.

Felipe A. Gómez Trejos

martes, 9 de diciembre de 2008

“Caminé…bajo cielo de noche.”

Caminé…bajo cielo de noche.
Porque el pesar de ayer y hoy agravió mi alma.
Fue sinsabor que tocó la puerta,
opresión del espíritu,
dudas, preguntas; afligieron mi temple,
bajo el cielo de noche.

Caminé doloroso,
contemplé el negro manto,
pero hoy no estaba estrellado.
Examino el pasado,
el ayer; oscuro estrellado …
eso es, sensación de lo nuestro.
Eso fue, sensibilidad de querer amarnos.

Mis zapatos arrastraron las piedras del camino.
Hoy pensé de lo nuestro,
cuando la noche no ví estrellada,
y una luna de luz penetrante,
casi la misma mirada del pesar que vapuleó a mi alma.

Una estrella se asomó detrás de las palmeras y la casa amarilla,
¿Habrá sido la estrella de esperanza?
Espero por el bien, que Dios se haya apiadado de mi alma,
hoy que le dije:
“Caminé…bajo cielo de noche”.


Felipe A. Gómez Trejos

domingo, 30 de noviembre de 2008

“Del suelo que al viento se transformó por amor.”

Vientos que soplaron la aridez del suelo
fue el cambio testigo de nueva tierra en mi alma.
Tierra fértil de mi ser,
a veces disfrazada con piel de arena.

Vientos que soplaron la aridez de su corteza
fue tu voz un día de caminar sobre suelo de antes arena.
Porque se volvió el suelo parte del soplo transformador,
desde entonces produjo fruto a la voz que lo vio cambiar.

Transformado, más por amor que obligación,
lo hizo a placer del soplo motivador…¡Ojalá lo viera!
Para hacerse uno con él; redimirse, vivir acariciando su amor.


Felipe A. Gómez Trejos

domingo, 26 de octubre de 2008

Amarte

Besos de dulce locura,
labios...celaje rojo de una tarde a ti,
que asesinaste mis sentidos,
asesina, descabellada ternura.
Para amarte,
por mano tuya, por ser tú sueño de día.
Tu belleza...desvelo de a ti tenerte,
por un cómo no amarte, dulce mía.
Camino de Luna que asaltó mi razón,
dulzura, que para escribirte la devolvió,
un día...que asesinaste mis sentidos,
asesina, descabellada ternura.
Felipe A. Gómez Trejos

domingo, 5 de octubre de 2008

"Nunca más"

Nunca más volveré a escribir
de los recuerdos que hoy en la tierra oculto
¡Qué recuerdos los que yacen enterrados!
Tiempos de recuerdos
recuerdos de lejanía
pero de inexplicable encarnación.
Nunca más volveré a escribir
porque tú me enseñaste
me enseñaste a escribir
versos de pasión
versos de noche negra
versos de fuego en atardecer.
Silenciosa, tranquila y hermosa te dije antes...
¡Fuiste vos la que me enseñó a escribir!
Nunca más volveré a escribir
porque veo el cielo,
pero su abismal poder...
¡Eso no más!
Porque veo las aves que hieren su piel, pero su canto...
¡Eso no más!
Porque hoy aprendí a escribir de lo triste, pero de aquello felíz...
¡Eso no más!
Porque antes tú me querías,
pero hoy tu voz de gris sol dice ¡adios!
¿Versos de pasión?
¡Eso no más!
Nunca más volveré a escribir
porque la voz de un fantasma hoy oí
es la voz del canto olvidado
de la noche al llorar
de la tristeza en el suave viento...
¡Es la voz de mi melancolía!
Nunca más volveré a escribir
porque veo mi melancolía en el sol
porque veo el tiempo de a tí escribir
¡Oh, musa de triste cantar!
Veo la antigua ilusión de en tí creer
¡Oh, musa de triste cantar!
Veo melancolía en un ayer de felicidad
¡Oh, musa de triste cantar!Porque te digo, musa...
que tú me enseñaste a escribir
que es por ti que de melancolía escribo yo.
Mi insensible ser,
tornándose en vida de piedra y melancolía.
Es por tí...
¡Oh, musa de triste cantar!
Es por tí...
¡Que nunca más volveré a escribir!
Felipe A. Gómez Trejos